Encuentro Global de Líderes Indígenas: experiencias compartidas para defender los territorios

Del 17 al 19 de diciembre de 2018, el Pueblo Originario Kichwa de Sarayaku acogió la segunda edición del Encuentro Global de Líderes Indígenas en Defensa y Protección de los Territorios. El evento fue organizado por Dejusticia, centro de estudios jurídicos y sociales de Colombia, junto con el Consejo de Gobierno de Sarayaku.

Participaron hermanos y hermanas de Kenia, Guatemala, Argentina, Colombia, Tanzania, Nepal, México, Chile, Venezuela, Estados Unidos y Uganda. Durante tres días, compartieron sus experiencias y reflexionaron sobre los desafíos que enfrentan los pueblos indígenas y las comunidades en la defensa de sus territorios.

Uno de los objetivos del encuentro fue fortalecer las redes de comunicación, solidaridad y movilización entre los pueblos de Asia, África y América Latina. La idea era unir esfuerzos más allá de las fronteras geográficas y lingüísticas, y encontrar formas de impulsar luchas comunes.

Las conversaciones se centraron en tres temas: la política, la justicia indígena y la comunicación. Estos ejes permitieron intercambiar experiencias y reconocer herramientas para fortalecer las demandas de los pueblos originarios y las comunidades de distintas partes del mundo.

Derechos indígenas y defensa del territorio

Entre los temas abordados estuvieron los avances y retrocesos de los derechos indígenas en el ámbito internacional, a cargo del doctor Mario Melo. También se reflexionó sobre el Sumak Kawsay y el caso Sarayaku, con la participación de los líderes Franco Viteri, Tupac Viteri y Marlon Santi.

Otro de los temas centrales fue el derecho a la consulta previa, libre e informada, expuesto por James Anaya, exrelator especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. Además, César Santi, expresidente de Sarayaku, y Narcisa Gualinga, integrante del Consejo de Jueces Ancestrales, compartieron lecciones del caso Sarayaku para el Sur Global, desde una perspectiva de investigación y acción.

El intercambio permitió reflexionar sobre la organización política de Sarayaku y los caminos que hemos seguido para defender nuestro territorio. Entre los aprendizajes destacaron tres aspectos:

  • Construir una posición política colectiva, clara y unificada.
  • Fortalecer la comunicación indígena y comunitaria para dar a conocer nuestras propuestas de vida y denunciar las violaciones de derechos humanos.
  • Conocer las herramientas jurídicas nacionales e internacionales para defender los derechos de los pueblos.

La consulta previa y las herramientas jurídicas

Durante el encuentro, James Anaya explicó algunos aspectos del derecho a la consulta previa, libre e informada. Este derecho permite a los pueblos indígenas participar en las decisiones que pueden afectar sus territorios y sus formas de vida.

La experiencia de Sarayaku también mostró que otros pueblos han mantenido una posición firme frente a proyectos de explotación en sus territorios. El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas ofrecen instrumentos internacionales para respaldar estas demandas.

Estas herramientas han contribuido a visibilizar los derechos colectivos y las propuestas de vida de los pueblos. También permiten plantear alternativas frente a un modelo económico basado en la explotación de la naturaleza.

La lucha de Sarayaku continúa

El caso Sarayaku, que llegó al sistema interamericano de derechos humanos, marcó un paso importante en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, forma parte de una lucha mucho más larga, iniciada frente a la colonización y continuada ante distintas formas de explotación, desde la extracción de madera y caucho hasta la actividad petrolera.

Como señaló Marlon Santi, líder y expresidente del Pueblo Originario Kichwa de Sarayaku:

«Sabemos que el caso Sarayaku no es una lucha terminada, es una lucha que continúa y se encuentra vigente».

Esta lucha no se limita a resistir las actividades extractivas. También busca mantener y fortalecer otras formas de vida, como la propuesta de Kawsak Sacha (Selva Viviente), que nace de los conocimientos y la relación de los pueblos con sus territorios.

Los encuentros con otros pueblos nos permiten aprender de sus experiencias y reconocer que compartimos muchos desafíos. Cada comunidad, desde su propia realidad, busca defender la vida y mantener sus territorios.

Esta defensa también se construye en la vida cotidiana, con el trabajo de mujeres, hombres, niños, niñas y personas mayores que mantienen vivas sus culturas y sus formas de organización.

Una lucha que se construye entre pueblos

Al reflexionar sobre el Sumak Kawsay y el caso Sarayaku, Franco Viteri, líder y expresidente del pueblo, destacó la importancia de las experiencias compartidas:

«El caso Sarayaku fue y es emblemático, no solo porque nosotros lo hayamos querido. Este proceso no habría podido ser sin las experiencias que, de otros países, de otros pueblos en otros mundos hemos tenido».

Estas palabras recuerdan que la defensa de los territorios no se construye de manera aislada. La experiencia de Sarayaku también se nutre de las luchas de otros pueblos, de sus aprendizajes y de la solidaridad entre comunidades.

La lucha de Sarayaku es y seguirá siendo colectiva.